Estrello
mis palabras contra este papel. Las lanzo y ellas explotan salpicando
con su tinta negra, a modo de lágrimas. Rabia. Rabia es lo que te
tengo. Te odio tanto que no me arrepiento de haberte hecho llorar, de
hacerte daño. No mereces que te escriba. No mereces ni que te odie.
No mereces ningún sentimiento por mi parte. No mereces ocupar más
espacio del que te he dejado ocupar. No mereces hacerme perder más
tiempo. No mereces acordarte de mí los días de lluvia. Me
arrepiento de haberte regalado mis horas, mis minutos, mis segundos;
mi corazón, mi mente, mis lágrimas. Haberte regalado las palabras
mágicas que nunca a nadie había regalado y que por tu culpa, espero
no regalar jamás. Me arrepiento de haberte querido. De haber perdido
el tiempo contigo. Te odio por echarte de menos.
Te odio porque noto que extraño tus besos, tus caricias. Tu suave piel. Porque ya no puedo olerte sin notar mil finas agujas clavándose en mí. Por el simple hecho de saber que ninguna de las miles de sonrisas que te quedan por esbozar serán ni para mí ni por mí. Recorrería el camino de mi casa a la tuya casi tantas veces como lo haría por tu cuerpo. Volvería a escribir para ti sobre todas las aceras de esta maldita ciudad que sólo me recuerda a ti. Necesito alejarme de aquí, de todo lo que me recuerda a ti. Las fresas, tus grupos de música, las paredes con vaho, un corazón, una rodilla, una tienda, las escaleras, nutella, una marca en mi estuche... Nunca serás capaz de saber el daño que me has hecho. Todo lo que he llorado por ti. Todo lo que he sufrido. Todo lo que he sentido. Te odio porque adoraba que me despertases y así lo hiciste tres días seguidos.
Quizás en algo sí que te he mentido: el último día que me despertaste, me hice la dormida, perdón. Perdóname por mentirte. Perdóname por quererte. Porque ya no miro ilusionada mi móvil para ver si eres tú quien que me habla. Porque ya nadie se desespera de la forma en la que tú la hacías cuando yo no te contestaba. Porque eres preciosa de todas las formas: llorando, riendo, durmiendo, enfadada, concentrada, hablando, en silencio. Porque no hay nadie más bonita que tú. Porque me encantaba poder explicarte el significado de cada una de esas enrevesadas palabras y no verte como a una tonta. Porque te quitaría todo lo que te he enseñado de la bofetada que jamás te daría. Te odio por aparecer en mis sueños sin ningún permiso. Por aparecer de la misma forma que lo hiciste en mi vida. De la misma en la que irrumpías en mi pensamiento cada pocos segundos. Por pensarte cuando escucho música. Porque no quiero pensarte, me niego. Porque ya nunca te podré mirar de la forma en la que te miraba. Mi corazón ya sabe que me faltas porque su ritmo no es el de siempre. Porque esto lo acabaste tú. Porque he estado jugando con mi herida, haciéndola más grande y nunca dejando que cicatrizase. Te odio, y quiero que sepas que no sólo has dejado cicatrices en mis nudillos. Las has dejado en mí.
Te odio porque noto que extraño tus besos, tus caricias. Tu suave piel. Porque ya no puedo olerte sin notar mil finas agujas clavándose en mí. Por el simple hecho de saber que ninguna de las miles de sonrisas que te quedan por esbozar serán ni para mí ni por mí. Recorrería el camino de mi casa a la tuya casi tantas veces como lo haría por tu cuerpo. Volvería a escribir para ti sobre todas las aceras de esta maldita ciudad que sólo me recuerda a ti. Necesito alejarme de aquí, de todo lo que me recuerda a ti. Las fresas, tus grupos de música, las paredes con vaho, un corazón, una rodilla, una tienda, las escaleras, nutella, una marca en mi estuche... Nunca serás capaz de saber el daño que me has hecho. Todo lo que he llorado por ti. Todo lo que he sufrido. Todo lo que he sentido. Te odio porque adoraba que me despertases y así lo hiciste tres días seguidos.
Quizás en algo sí que te he mentido: el último día que me despertaste, me hice la dormida, perdón. Perdóname por mentirte. Perdóname por quererte. Porque ya no miro ilusionada mi móvil para ver si eres tú quien que me habla. Porque ya nadie se desespera de la forma en la que tú la hacías cuando yo no te contestaba. Porque eres preciosa de todas las formas: llorando, riendo, durmiendo, enfadada, concentrada, hablando, en silencio. Porque no hay nadie más bonita que tú. Porque me encantaba poder explicarte el significado de cada una de esas enrevesadas palabras y no verte como a una tonta. Porque te quitaría todo lo que te he enseñado de la bofetada que jamás te daría. Te odio por aparecer en mis sueños sin ningún permiso. Por aparecer de la misma forma que lo hiciste en mi vida. De la misma en la que irrumpías en mi pensamiento cada pocos segundos. Por pensarte cuando escucho música. Porque no quiero pensarte, me niego. Porque ya nunca te podré mirar de la forma en la que te miraba. Mi corazón ya sabe que me faltas porque su ritmo no es el de siempre. Porque esto lo acabaste tú. Porque he estado jugando con mi herida, haciéndola más grande y nunca dejando que cicatrizase. Te odio, y quiero que sepas que no sólo has dejado cicatrices en mis nudillos. Las has dejado en mí.
Suena
Someone Like You, en todos los sitios menos en mis oídos.
De una tal Lucía.
De una tal Lucía.
No hay comentarios:
Publicar un comentario